Fragmento: “El tiempo sin escribir.”
11 de julio de 2013. 18:00
Otro fragmento de alguna gilipollez.
[...] ¿Qué había ocurrido?
"De repente, las palabras volvían a manar de ella con fluidez. Sus composiciones se tornaban armónicas, perdían los matices de desesperación que hasta entonces iban implícitos en cada creación que salía de su alma. Llevaba casi dos años sin ser capaz de escribir nada, dos años que se habían alargado hasta convertirse en dos siglos, sin importar lo que dijesen los relojes. O puede que en dos milenios.
¿Y qué son dos años realmente? No más de veinticuatro meses, con unas cuatro semanas cada uno de ellos. Apenas 730 días, 731 si uno de ellos es bisiesto. Exactamente 17.520 horas, que suponen ni más ni menos 63.072.000 segundos. Las matemáticas tenían el poder de burlarse de su vida, reduciendo todo su tormento a cifras vanas. ¿Y qué podían reflejar aquellos estúpidos números? ¿Cómo podían ellos llegar a expresar lo que habían supuesto dos años para ella? ¿Cómo podía un simple calendario ser un reflejo fiel de sus vivencias?
Dos años. Dos inviernos, dos veranos, dos primaveras, dos otoños. Pero ella había vivido inmersa en un lúgubre invierno con pequeños brotes de esperanza, pequeños brotes que anunciaban una primavera que jamás llegó. Hasta el momento en el cual logró huir, escapar de todo el frío y la desolación que mantenían las palabras congeladas en la garganta. Sin embargo, no le sirvió de mucho. Porque entonces se instaló su vida el otoño, y con él llegaron la melancolía, el vacío, la ausencia de sentimientos. El frío la había congelado por dentro. Si bien durante el invierno había logrado escribir, si bien durante el invierno lo único que la había mantenido con vida, su única vía de escape había sido la literatura, todos sus escritos clamaban a gritos lo atrozmente sola que se sentía, hasta el punto de que incluso ahora le sigue dando miedo leer sus propios relatos... durante el otoño no había podido completar ni siquiera dos frases. Por huir del dolor se había visto obligada a dejar aparcada la felicidad. Su corazón se había vuelto demasiado frágil como para poder soportar las emociones intensas. Y por eso ella lo recubría de una muralla de hielo y frialdad."
[...]
"Y sin embargo, todo aquello comenzaba a terminarse. Había llegado el principio del final de su antiguo yo. La prueba definitiva la halló esa misma tarde de verano, en la que se atrevió a enfrentarse al folio en blanco que siempre reposaba sobre su escritorio armada tan solo con un bolígrafo. No podía evitar sentirse tensa cuando garabateó la fecha en la esquina del papel. En lo más hondo de su interior, albergaba el miedo de haber perdido la capacidad de reflejar sus sentimientos de aquella forma. Sin dejar de aferrar el bolígrafo como si le fuera la vida en ello, comenzó a escribir. Meditaba cada palabra antes de ponerla, y el texto no era del todo malo. Sin embargo, cuando tan solo llevaba media página, soltó su bolígrafo y rasgó el folio en dos. Después de eso, se levantó, furiosa, y le estampó un puñetazo a la pared.
¿Qué había ocurrido?
¿Por qué no conseguía que sus manos se movieran solas mientras se desplazaban por el papel, como había sucedido siempre? ¿Acaso tanto tiempo sin expresarse habían dañado su capacidad? ¿Había perdido para siempre su único don? ¿Por qué tenía que esforzarse por escribir cuando desde que era una niña escribir le resultaba tan sencillo y natural como respirar...?
'Espera, espera. ¿Tan natural como respirar?', pensó. La chica comenzó a tratar de controlar su respiración. Pronto notó que tenía que esforzarse al tomar aire. Porque no estaba dejando que ocurriera solo. Estaba forzándolo. De repente, la chica comenzó a reír, sin ningún motivo aparente. Se dejó caer sobre la cama, sin poder contener las carcajadas. Si alguien la hubiera visto en aquel momento, con la cara desencajada y sin dejar de reír, tendida sobre un folio roto, probablemente hubiera pensado que había enloquecido. Pero allí sólo estaba ella. Tan pronto como paró de reír, se levantó, puso una de sus canciones favoritas en el móvil y volvió a sentarse. La tensión había abandonado sus hombros. Recogió con cuidado el bolígrafo y permaneció unos minutos inmóvil, en completo silencio. Una vez la idea se hubo formado en su cabeza, permitió que el bolígrafo se deslizase a toda velocidad por el papel. Observó maravillada como las palabras parecían escribirse solas.
Para otra persona, probablemente no hubiera significado nada. Pero para ella, saber que podía volver a enfrentarse con sus propios sentimientos, saber que tenía el poder de escribirlos, de hacerlos reales, saber que tras dos años algo volvía a agitarse en su pecho, impulsándola a derramar parte de su alma en un papel, saber que era capaz de seguir escribiendo... significaba que por fin podía aspirar a ser feliz."
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